Rutas Trail Off Road con Encanto Especial
Carlos Muiños, alma mater de este evento, no dudaba en dar la bienvenida a todos los participantes acordándose de Alberto Martínez. “Quiero empezar agradeciendo vuestra participación en el Trail Rias Baixas. En esta ocasión dedicado a un querido amigo que ya no está con nosotros, a Albertito Carpe Diem. Una persona llena de ilusión que creó vínculos y siempre sumó. Esa es la filosofía de este evento. Sumar deporte, sumar belleza humana y sumar el ingrediente de la moto”.
Carlos nos había preparado un surtido de hasta cuatro tracks de cuatro sabores, a cual más picante: verde, amarillo, naranja y rojo; para que cada participante se descargara el más apropiado por su montura y pericia, sin olvidar las condiciones meteorológicas que nos esperaban.
A las nueve de la mañana nos arremolinábamos bajo el toldo de Casa Manolo, en la pontevedresa localidad de Viascón, para mantenernos secos aunque tan solo fueran por unos instantes. La predicción meteorológica para el sábado era conocida por todos y no se equivocaría ni por un instante durante toda la jornada. En Galicia cuando los servicios meteorológicos dan mucha lluvia, puede ser efectivamente mucha, más que suficiente o incesante, y hoy tocaba lo último.
Poca a poco fuimos tomando la salida bajo una cortina de agua que prometía ponernos a prueba. Senderos y caminos empedrados no tardarían en llegar para entrar en faena y mantenernos a excelente temperatura de trabajo por más refrigerante que nos cayera del cielo.
El track estaba resultando espectacular atravesando frondosísimos bosques que se abrían al cielo para hacernos pasar sobre puentes romanos en rincones encantados; subidas y bajadas constantes que testaban nuestra destreza sobre piedras lavadas por el agua que corría bajo nuestras ruedas; vadeos de enormes charcos de profundidad incierta y aguas turbias que nos obligaban a apretar fuerte las rodillas con gas progresivo para lograr la orilla opuesta; y senderos cerradísimos de piedras poco visibles o totalmente ocultas que jugaban a descolocarnos la moto para lanzarnos a los pies de aquellos muros de musgo flúor.
En ocasiones también rodábamos sin mayor complicación entre aldeas apenas habitadas o caminos fáciles que desembocaban con seguridad en alguna otra zona de exuberante frondosidad y de la que posiblemente emanaban torrentes de agua difíciles de entender. Estaba lloviendo como si nunca antes lo hubiera hecho y nosotros disfrutando como si aquello fuera lo acordado.
A los ciento y pico kms y después de cuatro o cinco horas de emoción constante, llegábamos al restaurante para saciar nuestros voraces apetitos y disfrutar de las batallas matinales en inmejorable compañía.
A la vista de las incesantes lluvias, Carlos proponía realizar un pequeño bucle de aproximadamente una hora de duración antes de dar por finalizada la ruta. En total libertad, unos participantes acogían de buena gana la propuesta y los más valientes proseguían hasta completar el track previsto.
Algunos arrancábamos a rueda de la DR 650 de Carlos. Me había comentado que ese pequeño bucle era de lo más espectacular del track y ciertamente, no defraudaba. Creo que nunca había hecho una calzada de piedra de tantos kms, o eso me estaba pareciendo por lo delicadísimo que estaba aquello. En bajada había que apuntar bien dónde colocar la rueda delantera sin acariciar el freno ni por un instante y en subida tocar el gas sin brusquedades para no perder la trasera. La concentración tenía que ser total, pero aquella garganta verde por la que discurría esa calzada lo ponía realmente difícil. Bajo un bosque cerrado y amparados por un inmenso talud verde a derechas y un violento rio a izquierdas, mantener la mirada sobre las piedras se hacía del todo imposible. Había que levantar la cabeza para disfrutar de todo aquello.
Paramos a visitar la placa en memora de Albertito. Carlos la había encaramado a una piedra de aquel espectacular paraíso. Nos tomamos apenas unos minutos de calma y arrancamos llevando con nosotros a nuestro querido amigo durante el resto de la ruta y por siempre.
El punto de encuentro volvía a ser Casa Manolo, donde confraternizamos mientras llegaba el resto de participantes para finalizar compartiendo mantel y sobremesa.
Carlos Muiños:
La propuesta nació hace unos doce años en O Courel. Varios compañeros propusimos hacer unas quedadas en nuestras comarcas en respuesta a la demanda que había de hacer rutas trail gratuitas y así dinamizar el rural y que la gente conociera las distintas orografías y costumbres. Así que el Trail Rías Baixas nace con este espíritu altruista.
Son quedadas entre amigos sin buscar una gran inscripción de gente. Si a algo le doy valor es a la naturaleza. No quiero llenar el monte de motos. Se trata de dar la oportunidad a treinta o cuarenta personas de pasar un fin de semana rodando por sitios que yo considero excepcionales, sin hacer una cosa monstruosa.
Este año hemos tenido hasta cuatro tracks distintos, que no dejaban de ser el mismo pero con variantes o escapatorias para que cada uno escoja el de su nivel o el más adecuado para su moto. Si querías meterte en jaleos podías y si querías evitarlos también. Para el domingo había un solo track más sencillo.
La dificultad de la ruta va pareja a su belleza. Cuando meto a la gente por “corredoiras” no es por esclavizarla sino porque esos caminos llevan a sitios que no lo hacen ni las pistas ni el asfalto. Si quieres disfrutar de la belleza, el track será más exigente pero valdrá más la pena. Busco caminos muy antiguos, de carros, que se conserven lo mejor posible para que sientas que estás por el mismo que se usaba hace trescientos años y así recuperar aquel tránsito de hace siglos. A mí es lo que me llena y mi comarca es riquísimo en zonas frondosas y caminos empedrados.
Albertito Carpe Diem venía siempre con nosotros al Rías Baixas. La gente que cada año organiza una ruta en el País Vasco en su memoria, me propuso hacerla este año en Galicia y para mí fue un honor que acepté encantado.
Fuente y fotos: Pablo Pillado/Trail Rías Baixas©





















